Era el año 1978. Diego Rivera -fallecido veinte años atrás- era, junto a su tercera mujer, Frida Kahlo, un símbolo nacional en México, una imagen con la que el país proyectaba al mundo su identidad propia y se enorgullecía de un pasado precolombino que los conquistadores habían condenado al olvido. Camisetas, tazas, libretas y todo un imperio de merchandising se...