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Lope de Vega y Elena Osorio, del amor a la orden de alejamiento

El romance entre Lope de Vega y Elena Osorio se difundió rápidamente por los círculos culturales madrileños. A la juventud y fama de los propios protagonistas (Lope de Vega contaba por entonces con un pequeño, pero nada desdeñoso, séquito de seguidores y Elena Osorio era la hija de Jerónimo Velázquez, conocido director teatral de finales del siglo XVI), se unía el pecado y la morbosidad que generaba la unión, pues la joven Elena Osorio estaba casada en aquel momento.

Sin embargo, más que el romance en sí, lo que la sociedad madrileña de finales del siglo XVI conoció con pelos y señales fue la ruptura de los jóvenes. El escándalo rebasó los círculos teatrales y se expandió por el vecindario, por las calles de Madrid y, por supuesto, por las cartas y misivas de los literatos y amantes del teatro. Y es que la separación amorosa de Lope de Vega y Elena no fue precisamente silenciosa, en gran medida por los versos que el madrileño hizo (supuestamente) circular por Madrid sobre su, para entonces, expareja.

Elena Osorio y Lope de Vega, amor a primera vista

Si creemos las palabras que Lope de Vega escribió en La Dorotea, una obra publicada más de cuarenta años después de la ruptura (¡cuarenta años después!), Lope de Vega y Elena Osorio habrían experimentado lo que comúnmente se conoce como un flechazo:

No sé qué estrella propicia a los amantes reinaba entonces que apenas nos vimos y hablamos cuando quedamos rendidos el uno al otro.

Aunque se desconoce la fecha exacta del encuentro, este debió de suceder en torno a 1580, año arriba, año abajo. Ambos debían de ser, para entonces, sumamente jóvenes, con una edad estimada entre los 18 y los veintipocos (la fecha del nacimiento de Elena se desconoce). En cualquier caso, los dos se encontraban en la plenitud de la vida. Jóvenes, sanos, bellos y exitosos, no es de extrañar que sintieran atracción el uno por el otro en un momento en el que la situación económica y social no atravesaba, ni de lejos, su mejor momento.

Elena Osorio y la familia Velázquez

Elena Osorio era la única hija nacida del matrimonio entre Jerónimo Velázquez, conocidísimo director teatral (y competencia directa de Gaspar de Porres) e Inés de Osorio. De este matrimonio también nació un hijo, Damián, que partiría para América y cosecharía gran éxito. En 1576, Elena había contraído matrimonio con un actor, Cristóbal Calderón, del que apenas tenemos datos.

Poco se sabe del matrimonio entre Elena y Cristóbal. El marido siempre se encontraba ausente y los pocos documentos que han llegado hasta la actualidad no citan a ningún heredero, por lo que la pareja no debió de tener descendencia. Es interesante que, durante el pleito de la familia Velázquez contra Lope de Vega, el marido no conste en los documentos judiciales, de lo cual se deduce que este no estuvo presente en el proceso (que tuviera constancia de él es otro tema).

Lope de Vega conocía el matrimonio de Elena Osorio, lo cual no supuso un impedimento para su desatado amor. Hasta la actualidad han llegado romances de Lope en los que se parece intuir el desprecio de Osorio por su marido[1]. Pero su ausencia era constante, sin que podamos saber exactamente por qué.

Lope de Vega, su vida y sus amores

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Lope de Vega

Dada su profesión, lo más probable es que Lope de Vega conociera a Elena Osorio a través del director teatral y padre de la joven, Jerónimo Velázquez. Era Velázquez, junto a Gaspar de Porres, el gran director teatral del momento, por lo que el joven Lope, que ya comenzaba a ser conocido por los círculos teatrales y literarios, vendía sus obras a Jerónimo a cambio de una cantidad de dinero.

Como relata el mismo Lope, el flechazo fue inmediato. Si bien es cierto que Lope de Vega tuvo numerosas amantes (por lo cual fue atacado por sus adversarios), también lo es que Elena Osorio fue su primer gran amor (que no experiencia amorosa), la mujer que más marcó su memoria, precisamente por el dolor que supuso la separación. A ella le dedicó incontables poemas a lo largo de su vida, utilizando para ello el sobrenombre de Filis(o Dorotea en La Dorotea y Zaida en los romances moriscos). Así, Lope de Vega cantó a Filis y celebró, a través del yo poético, la hermosura de la joven, su gracia y encanto, pero también el sufrimiento que experimentó con la ruptura y la desaparición de la amada:

Ay, amargas soledades
de mi bellísima Filis,
destierro bien empleado
del agravio que la hice!

Envejézcanse mis años
en estos montes que vistes,
que quien sufre como piedra
es bien que en piedras habite.

¡Ay horas tristes,
cuán diferente estoy
del que me vistes!

Al igual que no sabemos cómo se produjo la unión, tampoco tenemos constancia de por qué terminó. En torno a 1587, unos siete años después del flechazo, Lope de Vega hizo circular unos versos sobre la joven en los cuales queda claro que el dramaturgo se negaba a aceptar el fin de la relación o, al menos, que estaba resentido por ello.

La ruptura entre Lope de Vega y Elena Osorio

El 29 de diciembre de 1587 las autoridades de Madrid irrumpieron en el Corral de la Cruz, uno de los corrales de comedias más famosos de la capital, y detuvieron a Lope de Vega y Carpio, dramaturgo de unos 25 años. Ese mismo día la familia Velázquez al completo (Jerónimo Velázquez y su hija, Elena, así como su hermano, Diego Velázquez, y su hija, Ana Velázquez) presentaron una querella contra el dramaturgo por “unos libelos infamatorios en forma de sátiras, unas en latín y otras en romance”[2].

Por lo que sabemos, en algún momento de 1587 Elena Osorio decidió poner fin a la tormentosa relación. Pese a que desconocemos el motivo de dicha ruptura, el dramaturgo, siempre tendente a hacer literatura sobre su propia vida (millennial who?), aseguró a través de sus escritos que Elena Osorio lo había abandonado por un hombre más rico. Este supuesto adversario amoroso ha sido reconocido por la crítica como Francisco Perrenot, sobrino del cardenal Granvela. Así, para Lope de Vega, la familia Velázquez, especialmente su prima Ana, habría animado a la joven a aceptar un nuevo amante mejor posicionado tanto económica como socialmente.

Dado que Lope solía introducir parte de su vida en sus obras y entrelazaba dichos acontecimientos con la ficción, el nuevo adversario sería ficcionalizado en La Dorotea como don Bela, personaje que compra el afecto de Dorotea por encima de Fernando, el verdadero amor de la joven. Además, y por si ello fuera poco, en esta misma obra Dorotea estará con los dos hombres al mismo tiempo, un suceso que la crítica ha interpretado como una confesión de Lope con respecto a su relación con Elena (Alborg asegura que Lope habría recibido los regalos que el amante de la Osorio le hacía a la joven[3]).

Eso sí, en sus obras Lope, no sabemos si por descuido o por rapidez (vamos a ser bien pensados), eludirá partes de la historia que comprometen a su persona. Por ejemplo, se sabe que en estas fechas Lope de Vega contaba con, al menos, otra «enamorada» (no se sabe exactamente qué relación tenían [4]) que jugaría un papel importante en el proceso judicial, Juana de Ribera. De igual modo, y dada la rapidez con la que el dramaturgo rehízo su vida con Isabel de Urbina, es muy probable que mantuviese relaciones amorosas con esta. Además, se supone que en un registro que tuvo lugar en la celda de Lope, se encontraron varias cartas amorosas

Pero, volviendo a la ruptura en sí, Lope de Vega no debió de tomarse bien la separación y durante las últimas semanas de 1587 comenzaron a circular por Madrid una serie de composiciones en las que ni Elena Osorio ni su círculo más cercano, como su prima Ana, su hermano o su madre, salían bien parados. Por ejemplo, a Ana, a quien apoda “la sargento”, le dedicó versos tan emotivos como este: “puta después de nacida, / puta antes y después”. Elena no corrió mejor suerte, ya que ella fue la diana de sus ataques y la persona que, a ojos del dramaturgo, lo había despreciado y humillado en público.

En las semanas previas, Lope de Vega había abandonado, por razones obvias, a Jerónimo Velázquez, pasando a vender sus obras a Gaspar de Porres. De igual modo, había intentado que el mayor número de artistas cortasen su relación con Velázquez y se pasasen al equipo de Porres, quien apoyaba al dramaturgo en esta disputa. Por si ello fuera poco, Lope había difamado a la familia en todos los rincones de Madrid, asegurando una y otra vez que iba a vengarse de los Velázquez. Por ello, cuando estos versos comenzaron a circular y a propagarse por las tiendas, tabernas y callejones, todos cuantos conocían el pasado de Elena Osorio señalaron a Lope, aquel joven que, por talentoso que fuese, se comportaba como un auténtico despechado.

Proceso judicial y expulsión del reino

Fue el 29 de diciembre de 1587 cuando la familia Velázquez acudió a las autoridades para presentar cargos. Ese mismo día Lope de Vega fue detenido en el Corral de la Cruz de Madrid y conducido a la prisión. Allí fue sometido a un interrogatorio en el que declaró conocer los versos (como todo Madrid), pero no ser el artífice de los mismos. Dado que algunas composiciones estaban en latín y pocas personas sabían hablar latín en el Madrid del siglo XVI (Lope entre ellas), el joven aseguró que otros podían haber escrito los versos, como el licenciado Ordóñez, antiguo compañero ya fallecido.

lope de vega versos

El proceso continuó y la vivienda de Lope de Vega fue registrada, hallándose en ella una serie de cartas de Elena Osorio. No obstante, alguna misiva debía de faltar, ya que el 5 de febrero la familia Velázquez volvió a denunciar al poeta por chantaje, ya que, aparentemente, la amante de Lope, Juana de Ribera, había amenazado a Elena Osorio con enseñar cierta carta al marido, alias el ausente, exponiendo la relación de su mujer con el dramaturgo. Todo ello conduce a pensar que Cristóbal Calderón desconocía la relación de Elena Osorio con Lope de Vega. En cualquier caso, parece que Juana de Ribera exigía la liberación de su “amigo” a cambio de guardar silencio ante el marido engañado, algo que trajo problemas a Lope en la cárcel (fue sacado al patio en medio de la noche). Además, es posible que desde la cárcel se siguieran escribiendo versos difamatorios, pues los Velázquez se quejaron al tribunal, que tomó cartas en el asunto.

En el proceso testificaron varios testigos (valga la redundancia). Entre ellos, es especialmente interesante la declaración de Cristóbal Fernández, vecino de la familia Velázquez, quien aseguró que “había oído que Lope había escrito una sátira”, entre otras cosas:

estando un día (…) en casa de doña Juana de Ribera, que vive al Lavapiés, entró allí he dicho Lope de Vega  y Melchor de Prado, que es un amigo suyo, y otro hombre, que no se acuerda quién es, y la dicha doña Juana de Ribera dijo que había sabido que había salido una sátira que se holgaba de verla (…) el dicho Lope de Vega dijo que diría de ella lo que se acordaba, y así comenzó a recitar un romance que era la dicha sátira y en él iba infamando, a lo que parecía, a la dicha Elena Osorio y a Ana Velázquez y a la dicha Juana de Ribera, y parece que en el proponer de la dicha sátira iba diciendo que había tres mujeres en la calle de Lavapiés, las cuales hacía de todas una escuadra, a la una hacía capitán, a la otra alférez, a la otra sargento, y habiendo dicho lo que tocaba a la primera decía en ella “la hija de Santa Inés”, y este testigo entiende que esto se dijo por la dicha Elena Osorio (…) y luego habiendo de decir de la dicha doña Juana de Ribera, que era la segunda y el alférez de dicha sátira, no dijo nada, antes pasó a la tercera.

Proceso d Lope de Vega por libelos contra unos cómicos, Tomillo y Pérez Pastor

Por su parte, Lope de Vega siempre defendió que se trataba de una persecución contra su persona a raíz del abandono del dramaturgo a Jerónimo Velázquez. Así, el 6 de diciembre de 1588 Lope declaró al alguacil que los principales motivos de la persecución eran económicos:

Yo quise bien a Elena Osorio y le di las comedias que hice a su padre y ganó con ellas de comer, y por cierta pesadumbre que tuve, todas las que he hecho después de la pesadumbre las he dado a Porras, y por esto me sigue.

Parece que el tribunal no creyó al Fénix, ya que este fue condenado, por segunda vez (la primera condena, más laxa, fue el 15 de enero), el 7 de febrero de 1588. La sentencia fue doble, por la primera y por la segunda denuncia de los Velázquez, y condenaba a Lope de Vega a ocho años de destierro de Castilla bajo pena de muerte. Además, el dramaturgo no podía pasar por la misma calle en la que vivían las mujeres, lo que en la actualidad equivaldría a una orden de alejamiento.

Un nuevo capítulo: matrimonio de Lope de Vega e Isabel de Urbina

En los próximos días, Lope de Vega abandonó Madrid. En su última travesía por la ciudad lo acompañó un amigo, Claudio Conde, y el empresario Gaspar de Porres, con quien se comprometió laboralmente. No cumplió la condena durante demasiado tiempo, ya que entró de nuevo en la capital para marcharse con Isabel de Urbina, cuyo escándalo evitó la familia de la joven celebrando un matrimonio en tiempo récord (lo que Juana de Ribera pensó entonces no nos consta, pero podemos imaginarlo).

El dramaturgo no pasó mucho tiempo junto a su mujer, ya que, poco después de convertirse en marido, se embarcó en una misión de la Armada Invencible hacia las Azores. Si creemos las cartas que envió al duque de Sessa tiempo después, en 1612, en Portugal le fue infiel a su mujer por primera vez. En el trayecto en barco se acordaría de Elena Osorio, Filis, y escribiría partes de La hermosura de Angélica:

El arcabuz al hombro,

volando en tacos del cañón violento,

los papeles de Filis por el viento.

Elena Osorio fue el primer gran amor de Lope. Sobre ella escribió durante toda su vida, incluido en La Dorotea. Como mujer de un hombre nostálgico, Isabel de Urbina debió de comprender lo que sucedía, quién se escondía tras el nombre de Filis y por qué su marido cantaba a un recuerdo, a un amor caducado y posiblemente idealizado. Así, Lope, volviendo a mezclar vida y ficción, escribió “Llenos de lágrimas tristes”, condenando a Elena Osorio al olvido o quizás, simplemente, al silencio:

El cielo me condene a eterno lloro,
si no aborrezco a Filis y te adoro.

Bibliografía


[1] Noguera Guirao, Dolores (2006). “Elena Osorio, ¿una actriz en la etapa de formación de la comedia barroca?”. En El siglo de Oro en escena, homenaje a Marc Vitse, Université de Toulouse Il-Le Mirail.

[2] Noguera Guirao, Dolores (2006). “Elena Osorio, ¿una actriz en la etapa de formación de la comedia barroca?”. En El siglo de Oro en escena, homenaje a Marc Vitse, Université de Toulouse Il-Le Mirail.  

[3] Alborg, Juan Luis (1977). Historia de la literatura española (II): Época barroca. Editorial Gredos.

[4] Juana de Ribera es una de las injuriadas por Lope. Sin embargo, parece que la joven estaba enamorada del Fénix y, por ello, intentó ayudarlo.

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