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Libros gratis imprescindibles (I): La Odisea de Homero

En muchas ocasiones, los lectores no pueden recurrir a todos los libros que quisieran por motivos económicos. En este sentido, las obras sin derechos son, además de obras cumbre de la literatura, la puerta de salida para continuar con las lecturas. Entre los libros gratis imprescindibles, la Odisea de Homero nos enseña las creencias y mitos sobre los que se sustenta la sociedad occidental (para leer gratis la obra de Homero pincha aquí).

Si creemos el testimonio que nos ha llegado de los griegos, a finales del siglo VIII a.C. -una fecha situada en torno al año 700 antes de Cristo-, un poeta llamado Homero componía la Ilíada y la Odisea, los dos poemas épicos que habrían de pasar, por encima de todos, a la posteridad. El primero nos narra el último de los diez años de la guerra contra Troya, una lucha que, más allá de la propia narrativa del poema, suponía el choque entre dos culturas contrapuestas: Oriente y Occidente. Aunque los historiadores siguen debatiendo sobre los hechos que narra la Ilíada, se piensa que en Asia Menor debió de existir una ciudad amurallada que, tal y como nos describe Homero, acabó sucumbiendo a las llamas.

Por su parte, la Odisea supone una continuación de la Ilíada, aunque puede ser leída sin haber consultado la primera. Este poema épico, que fue escrito en hexámetros dactílicos, se centra en el regreso de Ulises, quien, tras luchar contra los troyanos, regresa a su Ítaca natal, donde le espera su mujer, Penélope. Para ello, obtendrá la ayuda de algunos dioses, especialmente la de Atenea

Discrepancias sobre la autoría

¿Cuándo se escribieron estos poemas? ¿Fueron fruto de un mismo autor? ¿Quién es Homero? ¿Sucedió de verdad la guerra entre griegos y troyanos?

Apenas se sabe nada del poeta Homero, si es que existió. Se cree que pudo vivir en el siglo VIII a.C. y ser un bardo, es decir, un poeta que recitaba en palacios de la antigua Jonia. Esta idea explicaría que Homero se nos oculte en los poemas y tan solo sea una sombra de difícil acceso, un narrador que pretende pasar desapercibido. Por ello se explaya en descripciones de grandes batallas, al tiempo que agiliza otra hazañas.

Muchos críticos han considerado que ambos poemas son obras colectivas. Estos sostienen que, con el paso de los años, diversos poetas habrían ido añadiendo y eliminando partes tanto de la Ilíada como de la Odisea. Sin embargo, parece probado el hecho de que ambas obras mantienen una unidad que, aunque haya sufrido alteraciones, surgieron de la misma pluma.

También parece sensato pensar que Homero perteneciese al alto linaje, ya que, si seguimos esta teoría, tuvo acceso a palacios. Allí, los que se creían descendientes de grandes héroes y heroínas que habían mantenido contacto directo con los dioses, estaban ávidos por escuchar historias lejanas y fantásticas, relatos que mantuvieran su fe inquebrantable y les permitiesen, de algún modo, edificar su identidad sobre viejas estirpes cuyo respeto y fama comenzaban a tambalearse.

En esos momentos, de los que apenas sabemos nada, debió de componer Homero unos poemas que, años después de su muerte, recitarían los bardos por toda Grecia, sin saber que, mientras los moldeaba, colocaba la primera piedra de literatura occidental.

La Odisea y el regreso de Ulises

Ocurrió que, tras derrotar a los troyanos con la astucia de un caballo de madera, muchos griegos no encontraron el descanso. Ulises, acompañado por hombres que irán pereciendo, recorrerá las costas del Mediterráneo, desde Túnez hasta Grecia, pasando por Nápoles y Sicilia, hasta llegar a Ítaca, donde Penélope teje y desteje diariamente una tela para engañar a sus pretendientes y esperar el regreso de su amado.

Los dioses griegos, al igual que sucedió en la guerra de Troya, tomarán partido y utilizarán sus facultades en favor o en contra de los elegidos. En este caso será Atenea quien guíe a Ulises y luche por su regreso, mientras Poseidón, enfurecido por la ceguera que Ulises ha causado a su hijo Polifemo, levantará tormentas y arrastrará a sus hombres al fondo del océano.

Pero, más allá del poema narrativo, es la Odisea un testimonio cotidiano de la Grecia de entonces. Además de la trama de aventuras, que bien podríamos asemejar a El señor de los anillos de Tolkien, Homero aporta pequeñas descripciones sobre la vida cotidiana del momento: los pastores que campan con las ovejas, los trajes de los ciudadanos, los utensilios diarios que utilizaban y, por supuesto, la necesidad de encontrar una explicación en los dioses. Estos velaban por los hombres y mujeres y, por lo tanto, debían de ser adorados. De no ser así, los griegos pensaban que los dioses se vengaban, normalmente enviando catástrofes atmosféricas. Y es que los griegos observaban los hechos cotidianos, las causas externas, para, a partir de ahí, buscar el origen mismo, la razón de todo.

En la Odisea hay amor y desamor, fidelidad y traición, adoración y desprecio, vida y muerte, guerra y paz. También queda latente el orden social establecido, el papel asignado al hombre, que marcha a la guerra, y a la mujer, esposa que permanece en el hogar en un estado de espera. Porque, para poder entender la obra, debemos remontarnos al origen y escarbar en el germen. Comprenderemos entonces que todo arte nace de una semilla común: la necesidad de conocer el porqué del inicio. Y todo producto literario es, tan solo, una vuelta más sobre el mismo centro.

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1 Comment
  • Edward Oliva
    Posted at 13:33h, 15 marzo Responder

    Thanks Rebeca, I really appreciate your help and advice. Due to these difficult times, we must find ways to clear our minds up. And I think reading “La Odisea” se can achieve it. Great idea and wonderful job.

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