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Libros gratis para la cuarentena (IV): Cartas marruecas de Cadalso

Como señalé en entradas anteriores -en las que recomendé la Odisea de Homero, las Meditaciones de Marco Aurelio o Sobre la vejez de Cicerón-, la cuarentena puede ser un buen momento para leer todas esas obras que, debido a diversas razones, hemos ido dejando de lado. En la tercera semana de confinamiento os recomiendo, dentro de los libros gratis para la cuarentena, las Cartas marruecas de Cadalso (para leer gratis Cartas marruecas pincha aquí).

Pretender reducir el género humano a sólo lo que es moralmente bueno, es pretender que todos los hombres sean filósofos, y esto es imposible.

Carta LXXXIX, Cadalso

La Ilustración y la conciencia del atraso

El siglo XVIII supuso para España un gran cambio. Si desde el siglo XVII muchos auguraban la decadencia del Imperio, la muerte del último Austria y la Guerra de sucesión, en la que se impondría el candidato francés, vino a confirmar estas sospechas.

Con la llegada de los Borbones y su aperturismo a Europa -negado a la sociedad española desde la Contrarreforma-, los intelectuales constataron el atraso de España con respecto a otras potencias europeas. Francia se había impuesto como centro artístico e intelectual y ahora los intelectuales, lejos de mirar a España como en épocas anteriores, imitaban los moldes parisinos. El Antiguo Régimen estaba en el ojo de mira de los analistas, un examen del que este modelo político y social no saldría indemne.

Así, mientras en otros países el pensamiento crítico y la ciencia comenzaban a izarse como las mejores herramientas para propulsar un cambio, en nuestro país los defensores del viejo orden se negaban a cualquier concesión, dando comienzo de este modo a una lucha entre los defensores más conservadores de estas corrientes y los llamados ilustrados.

Señaló Juan Luis Alborg que «de ningún otro momento de nuestra historia podría decirse tan merecidamente (…) que las cosas son del color del cristal con que se las mira», y es que los intelectuales de este siglo fueron fervorosamente defendidos o atacados dependiendo de las posturas que adoptaron. Comenzaba así una dinámica que ha durado hasta nuestros días, ya que quienes miraban a Francia con detenimiento, envidiando los progresos que como sociedad se producían en su germen, eran tachados de afrancesados y, por ende, de enemigos de la patria. Para muchos, la identidad española estaba indiscutiblemente ligada a un pasado que comenzaba a descomponerse.

José Cadalso, las letras y las armas

Hay hombres en este país que tienen por oficio el disputar. Carta XXI

Carta XXI, Cartas marruecas

Hacia mediados del siglo XVIII nació José Cadalso. El soldado y escritor no conoció a su madre, que murió en el parto en 1743, y tuvo que esperar años hasta conocer a su padre, un comerciante en América. Debido a la condición económica de la familia, Cadalso pasó parte de su juventud visitando ciudades europeas, lo cual le permitió entrar en contacto con la nueva mentalidad que se había venido gestando desde hacía décadas.

A su regreso a España se convirtió, como muchos otros antes que él, en un hombre de armas y letras. Sin embargo, a diferencia de aquellos que se presentaban como modelos a seguir, Cadalso mostró con los años un especial pesimismo con la vida militar y, en general, con la sociedad que le rodeaba. Su “expulsión” de Madrid en 1768 y la muerte de María Ignacia Ibáñez, de quien estaba profundamente enamorado, acabaron por empujar al soldado a la desilusión y la depresión. De hecho, fue tras la muerte de la joven actriz cuando Cadalso compuso sus Noches lúgubres, una obra prerromántica en la que el protagonista planea desenterrar el cadáver de su amada.

En 1782, tan solo un mes antes de fallecer, fue ascendido a coronel, una decisión que pudo devolverle cierta ilusión por el servicio militar. Sin embargo, no vería cumplida su función en el ejército, al igual que tampoco pudo ver publicadas sus Cartas marruecas antes de su muerte.

Las Cartas marruecas y la necesidad de reformar España

¿Sabes la triste consecuencia que se saca de todo esto? No es otra sino que el patriotismo mal entendido, en lugar de ser una virtud, viene a ser un defecto ridículo y muchas veces perjudicial a la misma patria.

Carta XXI, Cartas marruecas

A modo epistolario, decidió Cadalso denunciar y buscar una solución a los problemas que venía arrastrando España. Con guiños al Quijote de Cervantes, de quien era un apasionado admirador, las Cartas marruecas muestran misivas desordenadas entre tres personajes -Gazel, Ben-Beley y Nuño- que ejemplifican y describen la sociedad española del momento. La mayoría de los críticos han señalado que Nuño vendría a ser la encarnación del propio autor, bajo cuyo personaje se enmascara y muestra la filosofía de un hombre del siglo XVIII. Sin embargo, todos los personajes transmiten el pensamiento de Cadalso, ya que a través de ellos conocemos la historia de la nación, su demografía, sus costumbres o los comportamientos típicos de la época.

Pero buscaba Cadalso algo más que la mera descripción. Pretendía el escritor ir a la raíz del pueblo como nación, a la semilla sobre la que germinó la sociedad, para, de ese modo, resolver los conflictos adheridos a la personalidad del pueblo. Porque el mal que sufría Cadalso como ciudadano era el mismo mal que afectaba a su país, con su decadencia y su incapacidad para reformarse, y por eso sus personajes muestran las contradicciones que acosaban al mismo soldado, las contrariedades que acosan a los españoles en su conjunto.

¿Cómo aunar tradición y modernidad sin perder la identidad?, ¿cómo modificar aspectos esenciales sin cambiar la parte más íntima? Cadalso quería encontrar el punto medio, extraer lo malo sin retocar lo bueno, reformar sin transformar. Es posible que todavía, a día de hoy, sigamos sin encontrar respuesta.

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Esta cuarentena estoy recomendando opciones de libros gratis para la cuarentena. Se trata de libros sin derechos que, además, son la base sobre la que se cimenta nuestra literatura. A continuación adjunto otras entradas que pueden interesarte:

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