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Cristina Morales y la normalidad

En Lectura fácil, podemos leer: “Estos okupas criminalizan la pulsión sexual del mismo modo que el código penal los criminaliza a ellos por vivir sin pagar el alquiler”. Sobre los comportamientos aprehendidos de la sociedad y su aparente superación, la protagonista señala: “Después ocurrió lo de siempre en estos casos: el macho te dice que estás loca y que no tienes educación y las hembras te agarran amorosamente los hombros y te dicen que no te pongas nerviosa”. Sobre Femen, uno de sus personajes asegura que “más que Femen debería llamarse Semen, de las poluciones que provocan en sus patriarcales objetivos”. Y sobre el sistema democrático, apunta: “Creemos que votar nos beneficia y vamos a votar. Creemos que los beneficios de la empresa nos benefician y trabajamos eficientemente”.

Estos son solo algunos de los pasajes con los que Cristina Morales, ganadora del premio Herralde de Novela 2018 y premio Nacional de Narrativa 2019, pone contra las cuerdas al lector con su Lectura Fácil. Una novela pensada y desarrollada para ser incómoda y expulsar al lector una y otra vez, aunque este deba mantenerse y aguantar el chaparrón argumentativo de Morales, por incómodo que sea. Porque Lectura Fácil es un ejercicio de escritura contra el orden establecido y el canon literario, concebida para hacernos reflexionar sobre nosotros mismos, con nuestros comportamientos paternalistas y discursos condescendientes hacia aquellos que se encuentran en una situación de inferioridad institucional.

El argumento se desarrolla en torno a la vida de cuatro discapacitadas intelectuales que deben aprender a autogestionarse en un piso tutelado por la Generalitat. A su alrededor se desenvuelve la vida de Barcelona, una ciudad vendida al turismo donde la precariedad y la pobreza, consecuencias de un capitalismo atroz, ha desencadenado en el control gubernamental normalizado. También aparece, por supuesto, la independencia de Cataluña, un movimiento con el que Morales es igualmente crítica:

“Como cuando una cupera le pregunta a una anarquista si independencia de Cataluña sí o no y la anarquista responde que ese es un dilema burgués que no le incumbe, del mismo modo que no le incumbe el dilema de si comprarse el bolso en Dolce & Gabbana o en Victorio & Lucchino (…) que ella, la anarquista, lo que quiere es ser independiente tanto de España como de Cataluña”

“Me encanta que me llamen españolista porque es el último recurso retórico de los independentistas, lo que te sueltan cuando se les acaban los argumentos de su basura burguesa”, asegura Nati, la joven con mayor discapacidad pero que, sin embargo, parece ser la única en darse cuenta de los engranajes que sustentan el mundo: el capitalismo y el machismo. Porque, según nos aclara Nati, “para el facha, tolerar significa que el otro se ponga de su lado”, por lo que los desertores que acaban sumidos en el sistema son igualmente fascistas, ya sea Pedro Sánchez o Ada Colau.

Humor, locura y libertad

Lectura Fácil es una obra innovadora en muchos aspectos. Pero sus protagonistas siempre han existido en la literatura con tintes sociales. Al igual que Don Quijote en la Mancha de principios del siglo XVII, Natividad o Marga están inmersas en el sistema del que pretenden escapar, una estructura de poder en la que participan tanto víctimas como verdugos. Y es que el sistema, para sustentarse, requiere de la aceptación de sumisión propia de los sometidos, y aquí Morales introduce a Patri, la discapacitada que coopera con las autoridades, que cumple las normas y delata a sus compañeras siendo, sin embargo, igualmente castigada y apartada.

Al igual que a Don Quijote le encierran aquellos que aseguran profesar amor por él, la jueza busca autorizar la esterilización de Marga por su propia seguridad mientras, al más puro estilo cervantino, Nati grita y se resiste a la docilidad y, por ende, a la humillación, ya que “ante los envites del poder no hay que doblegarse ni deprimirse: hay que radicalizarse”.

Sin embargo, el matiz de fondo encierra un escenario pesimista. Las asambleas de okupación recuerdan a las escenas de las comedias anglosajonas, donde los anarquistas centran sus discursos en el debate teórico y no en la estrategia práctica, a la vez que dudan de las capacidades de aquellos marcados por la etiqueta de la discapacidad. Porque, aunque Morales se refugie en la ironía y el sarcasmo -y saque de ese modo una sonrisa al lector ante un discurso que no lo merece-, la esencia de la novela provoca escozor y hace retorcerse y querer abandonar la lectura, pues es la sociedad actual -en la que estamos inmersos y participamos- la que aparta a las cuatro mujeres y las encierra por su sencilla disparidad.

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