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Cómo escribir una novela según José Luis Sampedro

José Luis Sampedro (1917-2013) fue uno de los escritores españoles más influyentes del siglo XX. A diferencia de muchos de sus colegas de gremio, gran parte de su vida estuvo dedicada a la Economía, una materia que le atraía como comportamiento humano y no como mecanismo para enriquecerse. Quizás por esa visión tan novedosa sobresalió por encima de otros economistas y participó en importantes acuerdos y actividades internacionales.

Pero, dejando de lado su faceta economista, como escritor destacó gracias a su detallismo y paciencia a la hora de escribir. Esta visión de la escritura como algo sólido y reposado fue plasmada en Escribir es vivir, una obra en la que el autor traza una biografía de su vida y de las peripecias que lo situaron en el podio de los grandes intelectuales del siglo XX.

Aunque no es un ensayo concebido para ayudar a jóvenes escritores, contiene los consejos de Sampedro sobre la escritura o cómo escribir una novela. Sus recomendaciones, aunque reflexiones personales, sitúan el foco sobre el esqueleto de la novela, o lo que él mismo denomina los andamios que los lectores nunca llegarán a vislumbrar pero que, si la obra se ha concebido como debe, sostendrán su estructura hasta la eternidad.  

El nacer del escritor

Escribir es vivir recoge las conferencias que José Luis Sampedro impartió en la Universidad Menéndez Pelayo durante el verano de 2003. La propia titulación de sus intervenciones fue seleccionada de un modo minucioso, pues transmite lo que Sampedro pensaba sobre la escritura, ya que, como él mismo relata, “para mí la escritura no es un trabajo, es una necesidad vital”.

Como es bien sabido, solo unos pocos escritores logran vivir de sus obras. El propio Sampedro dedicó su vida laboral a la Economía y se convirtió en un catedrático aclamado en los círculos universitarios de Madrid. Por ello, siguiendo al estudioso, la escritura no puede ser guiada por una ideación mercantilista del trabajo o, al menos, no únicamente. Si bien es cierto que todos los que amamos la escritura desearíamos poder vivir de ella, la chispa que da origen al escritor o escritora es algo más profundo y sentido, más desconocido e irracional y, por supuesto, ligado a la vida personal de quien coge una pluma (o un teclado).

Aunque la polémica en torno a la disparidad vida-obra está servida, para Sampedro el autor y sus experiencias personales son “dos caras de la misma moneda”, de modo que no es posible comprender una en su totalidad si no se indaga en los aspectos más escondidos de la otra. Pero, al mismo tiempo que la vida del autor está presente en la obra, también lo están otras vidas posibles. Y es que, siguiendo a José Luis Sampedro:

(…) se da la paradoja de que uno escribe para vivir su propia existencia que, a la vez, es el resultado de vivir otras vidas diferentes.

José Luis Sampedro

Desmitificación del autor

Una de las cuestiones más interesantes que toca Sampedro en sus conferencias es la desmitificación o humanización de los escritores. Dado que vida y obra están intrínsecamente vinculadas, y la una se halla inmersa en la otra de manera irremediable, el autor es, al fin y al cabo, un trabajador cualquiera que desempeña su tarea, ni superior ni inferior a otras, de la mejor manera posible.

Así, es la vocación la que ubica al escritor frente al teclado del ordenador, una necesidad desarrollada gracias a factores intrínsecos y extrínsecos. Pero, y aquí está el quid de la cuestión, el hecho de que el trabajo del escritor radique en la escritura no lo superpone a otras labores. La única actitud diferenciada que caracteriza al escritor es, quizás, su motivación por aprender, por conocer, por ver o, como lo llama Sampedro, por cotillear o rumiar. Porque el escritor busca en su propia vida y en las ajenas el punto de luz, la grieta, la mancha o la mueca de la trama que desarrollará y plasmará en sus escritos; porque la escritura nace de un destello, un destello por conocerse o, como afirma Sampedro, por “descubrirme a mí mismo para descubrir a otros y para encontrarnos todos”.

Escribir durante cuarenta años sin que el esfuerzo esté recompensado por éxito, ni por fama ni por dinero, solo tiene una explicación: que la recompensa consiste en la satisfacción íntima, en el ‘dolorido sentir’ en palabras de Garcilaso.

José Luis Sampedro

Cómo escribir una novela: consejos prácticos

Como he mencionado, este libro no es un ensayo premeditado y dirigido a los jóvenes sobre prácticas de escritura. Más bien, se trata de la recopilación de toda una vida, de los comportamientos y actitudes que el propio Sampedro llevó a cabo y le ayudaron a desdibujar sus tramas y personajes. No obstante, estos consejos son de gran utilidad para quienes desconozcan cómo escribir una novela o dónde situar la primera piedra de la construcción.

En ‘Escribir es vivir’, Sampedro da las claves sobre cómo escribir una novela

No anticiparse en la publicación

Decía José Luis Sampedro que la primera novela de un escritor debía ser sólida, con un proceso de escritura amplio y sin precipitarse en la publicación. De este modo, uno no se avergonzará cuando se sucedan los años de haber publicado una obra con ansias y prisas. En una de sus conferencias de 2003, el catedrático explica:

Pensaba y sigo pensando que la primera aparición pública del escritor tiene que ser algo consistente y no con los palotes, las prácticas propias de todo proceso de aprendizaje.

Y es que, en contra de lo que muchos lectores creen, escribir una buena novela requiere de un tiempo que, en ocasiones, puede percibirse como infinito. Además, tampoco se puede olvidar que, para ser un buen escritor, primero hay que ser un buen lector; algo que, desgraciadamente, se olvida más de lo que se debería.

Documentación sólida

Quizás sea el error de los jóvenes escritores y, sin duda, propiciado por lo que se ha comentado en el epígrafe anterior. Tal y como recuerda Sampedro una y otra vez en su ensayo, escribir una buena novela es un proceso increíblemente largo en el que la documentación es la base sólida sobre la que se sostiene la estructura. Y este proceso puede implicar meses, años, lustros o incluso decenios.

Por ejemplo, en una de sus últimas conferencias Sampedro reconoce que, para él, cuatro años de documentación y escritura son incluso pocos. De hecho, para Octubre, octubre el escritor invirtió 19 años de su vida en el proceso de creación. Tampoco se queda atrás El río que nos lleva, novela publicada tras 9 años de trabajo.

Aunque pueda parecer exagerado, algunas de las razones que motivaron estos lapsos de tiempo son explicadas por Sampedro en Escribir es vivir. Así, él mismo reconoce que las novelas pueden resistirse o incluso rebelarse contra el final acordado o, lo que es lo mismo, sublevarse contra su creador. En esos casos, y por mucho que el escritor o escritora intente, en primera instancia, modificar el avance de la trama sobre lo ya escrito, la única solución posible es la reescritura.

Recopilación de datos sobre la novela

En el proceso de documentación de una novela entran en juego todos los elementos que aparecen en su desarrollo. Así, si Sampedro tenía que escribir sobre un barrio de Madrid a comienzos del siglo XX, se encargaba de recopilar todos los planos y fotografías existentes sobre ese espacio, ahondando en los hábitos de vida de sus ciudadanos, en los ropajes de los sirvientes o, incluso, en cuestiones relativas al dominio lingüístico. Paseaba por las calles del barrio una y otra vez, imaginando la disposición de sus calles en el pasado y las rutinas de quienes habitaron, soñaron y se desencantaron en sus portales.

Si, por el contrario, sus novelas se ambientaban en la España contemporánea, recorría cafés y tabernas, se sentaba en bancos y observaba las idas y venidas de los transeúntes. Asimismo, se movía por los pueblos y zonas de la España rural, conversaba con agricultores, con amas de casa o con habitantes de lugares remotos, una actitud similar a la que adoptaba Joan Didion para sus reportajes periodísticos. Se trata, en líneas generales, de ser testigo de la trama que uno crea.

La importancia de los personajes

Biografía de los personajes

Pero, si la documentación y el entorno en el que se suceden los hechos son importantísimos para abordar el cómo escribir una novela, lo mismo ocurre con los personajes. En este sentido, José Luis Sampedro, que contaba con una gran disciplina en el trabajo, escribía la biografía completa de cada uno de sus personajes, tanto protagonistas como secundarios. Porque, si un personaje se comporta de una determinada manera ante cualquier acontecimiento -por nimio que parezca-, debe de haber una explicación detrás que así lo justifique; aunque el lector no la conozca, aunque el lector nunca llegue a conocerla.

Los nombres son cruciales

Algo similar ocurre con los nombres de los personajes, una cuestión fundamental para Sampedro. Su elección no debe ser arbitraria, ya que, como si de Larra o de Galdós se tratase, la carga semántica de un nombre transmite una valiosa información a los lectores. De hecho, Sampedro alteraba los nombres de los personajes a lo largo de las obras, manifestando de ese modo la evolución de ciertas personalidades importantes.

Los personajes cobran vida

Pero, dado que los personajes se mueven, cambian y evolucionan, es preciso que sean lo más realistas posibles. Por ello, Sampedro también llevaba a cabo una documentación relativa a los personajes, indagando y examinando a aquellos sujetos que pudieran aproximarse a sus creaciones, tanto en el plano físico como en el emocional.

Por ejemplo, para la creación de Ágata, un personaje de Octubre, octubre, Sampedro intentaba hallar un rostro que se correspondiera al de la mujer que había creado en la trama, un semblante femenino con cierta masculinidad. Pese a sus esfuerzos, nada parecía satisfacer sus demandas, por lo que Ágata era un ser sin rostro, un interrogante para su creador. Sin embargo, durante unas vacaciones en Italia, cuando visitaba el palacio de los Médicis junto a su familia, Sampedro se quedó maravillado ante un cuadro. En él cobraba forma la imagen de un joven ballestero que, aunque varón, tenía rasgos aniñados que lo hacían parecer mujer. Fue allí donde, años después de haber comenzado la novela, vislumbró el rostro de Ágata: no en una mujer, sino en un hombre.  

Tabla de personajes

Aunque no todos los escritores recurren a la misma técnica para saber cómo escribir una novela, José Luis Sampedro era, a la par que escritor, economista. Por ello, sus tramas estaban meditadas y, aunque sufrían variaciones, no dejaban ningún cabo suelto.

Como consecuencia de este rigor, el catalán realizaba tablas de personajes por capítulos, las cuales mostraban la entrada y salida de cada uno de los partícipes de la novela. De este modo, se puede vislumbrar la entrada y salida de los personajes en los espacios, lo cual servía de “constante control” a Sampedro durante el proceso de escritura:

Cada columna vertical corresponde a un capítulo de la novela y cada fila horizontal corresponde a un personaje o elemento de la novela.

Tiempo diario de escritura

Si hay algo que deja claro Sampedro en Escribir es vivir, es la vida caótica en la que el economista estuvo inmerso durante sus años de trabajo. El convertirse en uno de los intelectuales más interesantes del siglo XX hizo que el escritor fuera llamado para numerosas funciones estatales y burocráticas, con viajes internacionales, legislatura como senador o la preparación de clases y tareas como catedrático. Además, Sampedro estudió la carrera durante su juventud, a la par que trabajaba durante todo el día como funcionario de aduanas. Por ello, él también fue un hombre atareado que no siempre pudo dedicar todo el tiempo que hubiese querido a la escritura.

Precisamente para conseguir aquello que se le escapaba, el tiempo, Sampedro se despertaba cada día a las cuatro de la mañana para escribir. Este era el único momento del día en el que podía gozar de un poco de tranquilidad, concentrarse y no ser interrumpido. Así, durante años, este fue el único periodo en el que pudo crear de manera sosegada, estudiar a sus personajes, desempolvar sus tramas. No obstante, José Luis Sampedro tampoco dejaba escapar las oportunidades. Durante sus viajes en el extranjero, durante sus paseos por el rastro, durante sus vacaciones familiares el escritor adquiría planos, fotografías o documentos antiguos, papeles que, aunque habían sido despojados de su utilidad por otros, eran increíblemente valiosos para quien estaba dando forma a un universo desconocido e íntimo.

Por lo tanto, y si hay un consejo que deba sobresalir por encima de los demás para saber cómo escribir una novela, este es el de no abandonar la vocación creadora y conseguir tiempo, por breve que sea, para fomentarla. No se trata, como Sampedro recuerda, de conseguir fama, dinero o reconocimiento. Uno debe escribir por y para sí mismo, por y para conseguir la satisfacción propia. Agradar a los demás es, aunque no lo parezca, secundario. Porque, como recuerda Sampedro:

El tiempo no es oro, es vida (…) Y reducir el tiempo a dinero, es reducir la vida a dinero. Equivale a decir: “lo que no da dinero, lo que no vale dinero, no importa, no es vida”.

José Luis Sampedro

Y escribir quizás no aporte dinero, pero engendra algo más profundo, delicado y, por supuesto, importante: da vida.

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